Una tienda que recibe visitas y no vende casi nunca tiene un problema de diseño. Tiene un problema de diagnóstico: se mira en el orden equivocado. Se empieza por la velocidad o por los colores del botón, cuando la primera pregunta —la que descarta la mitad de los casos— es si esas visitas eran compradores o eran ruido.
Este es el orden que seguimos nosotros. Está publicado a propósito: la mayor parte la puedes hacer tú en una tarde.
Todo lo que viene ahora está ordenado, y el orden no es decorativo.
Si empiezas por el paso cinco, vas a encontrar cosas mejorables —siempre las hay— y las vas a arreglar. Y no va a pasar nada, porque no eran la causa. Habrás gastado tiempo y dinero confirmando que "ya lo intentamos y no funcionó".
Cada paso descarta un bloque entero. Hazlos en orden y para en cuanto encuentres algo crítico.
Aquí se cae la mitad de los casos, y por eso va primero.
"Recibo visitas" no significa nada por sí solo. Significa que algo trae gente. La pregunta es si esa gente venía a comprar.
Mira de dónde viene el tráfico, uno por uno. Y busca esto:
Si al segmentar descubres que el tráfico con intención de compra es una fracción pequeña y esa fracción sí convierte razonablemente, tu tienda no tiene un problema de conversión. Tiene un problema de captación, y no se arregla tocando la tienda. Puedes parar aquí.
El segundo filtro, y el que más gente se salta.
Antes de diagnosticar necesitas saber dónde se cae la gente. No cuántos compran: dónde dejan de avanzar. Cuántos ven un producto, cuántos añaden al carrito, cuántos empiezan el pago, cuántos terminan.
Si no tienes esos cuatro números, no tienes un diagnóstico: tienes una conversación de bar. Y las corazonadas en conversión suelen estar equivocadas, porque tú no eres tu cliente y llevas mil horas mirando tu tienda.
Con esos números, el problema se localiza solo. Si nadie llega al carrito, el problema está antes. Si llegan al carrito y no pagan, está en el carrito o después. Es aritmética, no criterio.
Una advertencia honesta: si el consentimiento de cookies está mal configurado, tus datos están sesgados y no lo sabes. Compruébalo antes de fiarte de nada.
Si la gente llega al carrito y se va, empieza por aquí. Es el fallo más común y el más barato de arreglar.
Nadie abandona por el precio del producto: ese lo vio antes de añadirlo. Abandonan por el precio total, y sobre todo por descubrirlo tarde.
El patrón es siempre el mismo: el visitante decide comprar con un número en la cabeza, avanza, y en el último paso aparece otro número. Los gastos de envío revelados en el checkout no son un coste: son una promesa rota. Y la reacción a una promesa rota no es negociar, es irse.
La comprobación es de dos minutos: haz una compra completa en tu propia tienda y anota en qué momento exacto sabes cuánto vas a pagar. Si no lo sabes hasta el final, ya tienes tu P0.
Lo mismo con los plazos. "Envío en 24-48h" y "envío en 5-7 días laborables" son tiendas distintas, y el visitante quiere saber cuál eres antes de rellenar sus datos, no después.
Si no llegan al carrito, el problema está en la ficha de producto. Y casi nunca es que falte información: es que falta una información concreta.
Cada producto tiene una pregunta que decide la compra, y es distinta en cada categoría. En ropa es la talla real. En algo técnico es si encaja con lo que ya tienes. En algo caro es qué pasa si no te gusta. En algo que se consume es cuánto dura.
Esa pregunta se responde o no se compra. No hay término medio: el visitante no te escribe para preguntar. Se va y busca en otro sitio donde sí esté contestada.
Cómo encontrarla sin adivinar: lee tus correos de soporte y tus devoluciones. La pregunta que más te repiten es la que falta en la ficha. Ya tienes la respuesta escrita cincuenta veces en tu bandeja de entrada; solo hay que subirla.
Y una cosa que va aquí aunque parezca de otro sitio: si esos datos viven como texto libre en la descripción, no se pueden filtrar. El día que quieras que alguien encuentre "los que encajan con lo mío", tendrás que reconstruir el catálogo entero.
Una tienda desconocida pide un acto de fe: dar la tarjeta a alguien que no conoces.
Lo que se comprueba, sin sutilezas: si hay una dirección física y un teléfono de verdad. Si la política de devoluciones se entiende en una lectura. Si hay opiniones que no parecen escritas por el mismo becario. Si el aviso legal está completo y actualizado —que además es obligación, no adorno.
Esto no aumenta la conversión: quita el freno. La diferencia importa. Ninguna de estas cosas hace que alguien quiera tu producto. Todas hacen que quien ya lo quería se atreva a pagarlo.
Penúltimo, no primero. Si has llegado hasta aquí sin encontrar nada, ahora sí.
Tres cosas, en este orden: si obligas a crear cuenta antes de pagar, si pides datos que no necesitas para enviar un paquete, y si faltan las formas de pago que tu cliente usa. En España, faltar un método muy extendido no es una mejora pendiente: es dinero que no entra.
El último. Y es donde casi todo el mundo empieza.
No porque no importe —importa— sino porque una tienda lenta con la ficha bien resuelta vende, y una tienda instantánea sin la pregunta contestada no vende. La velocidad amplifica lo que ya funciona. No arregla lo que no.
Compruébalo con tu móvil, con tus datos, fuera de tu wifi. No con una herramienta.
Cuando auditamos, cada hallazgo sale con dos etiquetas y nada más:
La lista sin prioridad no sirve. Veinte cosas mejorables sin orden es exactamente el mismo problema que tenías antes de mirar, con más ansiedad.
Y la regla que hace que esto funcione: arregla el P0 y vuelve a medir antes de tocar nada más. Si cambias cinco cosas a la vez y sube la conversión, no sabes cuál fue. Has ganado un mes y no has aprendido nada.
Haz los siete pasos. En orden. La mayoría no necesita a nadie para eso, y quien te diga lo contrario te está vendiendo algo.
Si tu problema resulta ser de arquitectura —pedidos que se duplican, stock que no cuadra, pedidos que no llegan al sistema donde haces seguimiento— eso es otra conversación y la tenemos en por qué tu ecommerce se rompe al crecer. Si lo que no convierte es una web B2B de captación y no una tienda, el diagnóstico es distinto: por qué tu web B2B no convierte.
Y si has hecho los siete pasos y sigues sin verlo —o los has hecho y no te fías de tu propia respuesta, que es más común de lo que parece cuando llevas dos años mirando la misma tienda— una auditoría de 397 € hace exactamente esto con ojos de fuera: cada hallazgo con su estado y su prioridad, informe accionable en 7 días. Sin llamadas comerciales. Si después construyes con nosotros dentro de 90 días, esos 397 € se descuentan íntegros.